Aumenta la cantidad, superficie e intencionalidad de incendios forestales

Aumenta la cantidad, superficie e intencionalidad de incendios forestales

Aumenta la cantidad, superficie e intencionalidad de incendios forestales

 

Revista Contratistas Forestales conversó con Aida Baldini, ex gerenta de incendios de la Corporación Nacional Forestal sobre la recién pasada temporada de verano y cómo han aumentado los recursos para el programa de prevención y combate de incendios de Conaf.

25 años dentro de esta institución lleva Aida Baldini, ingeniera forestal de gran trayectoria en la coordinación de la prevención y combate de incendios forestales, a quien consultamos por su análisis de cuáles han sido las exigencias del programa. “En 2010 teníamos 12 helicópteros y tres aviones drómades propios y es increíble cómo ha ido aumentando no sólo el número de incendios, sino que también la superficie y los recursos en personas que se han destinado, pero sobre todo llama la atención la intencionalidad”, explica Aída. 
Señala que el combate se ha ido haciendo cada vez más difícil, “tenemos una situación de sequía muy prolongada, 13 años que cruzan todo este período desde 2010, considerando que en el período 2010-2014 no alcanzábamos a tener un helicóptero por región y tres aviones institucionales. Ese era todo lo que había en recursos aéreos, teníamos 120 brigadas repartidas en todo Chile y había 5.000 incendios”. En las empresas forestales estos recursos eran más o menos equivalentes y la intencionalidad se daba en un aproximado de un 25% del total de incendios repartidos en todo Chile, lo que difiere de esta última temporada donde un 50% fueron incendios intencionales concentrados en la región de La Araucanía, donde el 80% de los incendios lo fue. 
¿cómo ha aumentado los recursos destinados al combate de incendios forestales frente a esta intencionalidad?
En el período 2010-2014 ya teníamos incendios que nos comenzaban a indicar que debíamos tener más cuidado. Ya habíamos tenido un incendio en Torres del Paine y en Pichiqueime, en la región de Biobío que fue súper complicado. Advertíamos peligros en estos incendios como la sequía, mucha gente viviendo en ambiente rural y el uso del fuego muy presente en el campo. Lo que nos advertía que los recursos y programas que estábamos aplicando como país y como Estado eran más bien débiles. 
En el período siguiente se siguió con lo mismo. Tanto las empresas como Conaf seguimos en el mismo tono hasta que ocurrió el incendio de 2017. Ese evento que cambió la vida en el programa de incendios forestales donde coincidieron muchas cosas. Ahora lo analizamos y creemos que el Estado con todos sus sistemas y las empresas privadas fallamos, no nos dimos cuenta de cómo venía la mano y esto también ha pasado en el mundo. Un accidente, intencionalidad, sequía, olas de calor, calor nocturno, todo se juntó y significó la afectación de 600.000 hectáreas, 11 personas que murieron, y un pueblo que desapareció entero. 
Había pocos eventos en el mundo de la magnitud de lo que ocurrió en Chile, tanto así que vinieron delegaciones de Europa a analizar lo que había ocurrido aquí. Fue uno de los primeros mega incendios que hubo en el mundo. 
¿En el escenario actual, cuáles son las debilidades del programa de combate de incendios?
Luego de ese mega incendio, el Estado a través de Conaf y las empresas forestales organizaron un sistema en conjunto que se potenció fuertemente, pero que todavía tiene debilidades muy grandes. El sistema aéreo está funcionando bien, es bastante fuerte, pero el que está cojeando es el terrestre, es una de las cosas que se deben potenciar en la nueva administración del Estado.
Este programa le significa al año al Estado $79.000 millones y las empresas invierten casi lo mismo. Estamos hablando de cerca de $160.000 millones en esta temporada que ha sido bastante complicada, mucho más que la emporada pasada, en la que se utilizó la mitad de los recursos asignados y hubo la mitad de daño. Fue una temporada fácil, cayó una lluvia en enero que todos la recordamos porque nos cambió el panorama, venia diciembre difícil, la mitad de enero difícil, llovió y se acabó el problema. 
Esta temporada 2021-2022 empezamos en julio en Aysén en pleno invierno, luego en octubre y noviembre fue difícil de nuevo, diciembre se pasó pa’ difícil y febrero ha sido muy duro, sin embargo, hemos podido reaccionar bien. 
Lamentablemente existe un nivel de intencionalidad muy alto, desde el 20%-25% en 2010, en 2014 debe haber sido un 30%-35%, pero hoy estamos con una intencionalidad del 60%-65% muy concentrada en La Araucanía y Biobío Sur. Lo que pasa es que hoy saben en qué momento prender el fuego y los incendios que se generan así, son todos de magnitud, de por lo menos 200 hectáreas. Eso es lo que ha cambiado radicalmente, o sea, esta sequía con la intencionalidad es lo que realmente nos está poniendo en serios aprietos y en los últimos dos años y especialmente este año, se han incorporado la amenaza con balas. Nos han baleado helicópteros y brigadistas y eso pone una cuota de complicación porque, además de la intencionalidad, ya los operadores aéreos no quieren ir. No conseguimos helicópteros que quieran volar allá y si hay, nos piden que estén los militares o carabineros para poder sacar agua de algunas pozas. Con este factor nos ha entrado la inseguridad a nuestros recursos, sobre todo este año. Cada vez está más complicado, lo único que puede pasar es que siga empeorando. 
Esto no pasa en todo el país. En el resto de las regiones uno puede planificar el combate, sin ninguna restricción, uno no está pensando que le van a quemar la máquina, o a balear los helicópteros o los brigadistas. Uno coordina en forma técnica, sin embargo, en la región de La Araucanía, cada vez que enfrentamos un incendio se planifica salvar las casas y que el incendio se vaya a cualquier lado, no podemos atacarlo en forma técnica. Claramente es una situación bien compleja.
Aída Baldini agrega que “el 89% de los incendios intencionales se producen en Araucanía y Biobío. Carabineros siempre va a todos los incendios en todo el país, pero cuando hay sospecha de intencionalidad va la PDI a través de fuerzas de tarea especiales que se establecen en las principales zonas amenazadas”.
Aída, ¿cuáles son los desafíos para las próximas temporadas? ¿estás de acuerdo con cambiar el enfoque?
Es un programa que hay que mantenerlo de todas formas. Hay una corriente a nivel mundial sobre la necesidad de gestionar antes de que ocurran los incendios. Éstos van a ocurrir, pero serán más complejos en la medida que tengan el combustible disponible. 
Lo que hemos hecho en esta temporada, es precisamente gestionar las quemas, reducir la cantidad de combustible a través de quemas rápidas y controladas en los bosques. Hay muchos bosques que no son manejados y estos son realmente muy peligrosos, porque si los alcanza un incendio, son muy complejos de controlar.
Este manejo consiste en bajar el combustible haciendo fuegos muy rápidos, pequeñas quemas controladas. A mucha gente esta estrategia les choca, no comprenden cómo es eso de andar haciendo fuego debajo de los árboles, pero lo estamos haciendo, estamos preparando a nuestra gente para que sepan hacerlo como corresponde. Con un trabajo muy técnico para reducir combustible.
Creo que no es necesario seguir poniendo más y más recursos de combate. En realidad, en cuanto a disponibilidad de aeronaves creemos que estamos en un equilibrio bastante bueno, estamos en una cuota casi óptima, no así con los recursos terrestres que faltan en cantidad y en preparación por eso este año hicimos un convenio con la Fundación Pau Costa -una entidad española portuguesa, global y sin fines de lucro que pone el foco en la prevención y gestión de incendios forestales- el que consiste en el trabajo con especialistas de diferentes áreas que vienen a enseñarnos y se adicionan a nuestras brigadas, planifican el trabajo y le enseñan a nuestros brigadistas a enfrentar. 
Esto nos ha traído ahorros porque no todo es combatir y combatir, sino, por ejemplo, hacer líneas de cortafuego y usar contrafuego, una antigua técnica que se dejó de lado, pero la verdad es que tenemos que preparar a nuestra gente porque no podemos permitir un peligro enorme en el cielo de un incendio, porque cuando tienes un montón de aeronaves trabajando al mismo tiempo, realmente es peligroso, aunque se trabaje con cámaras térmicas. Ahora estamos usando mucha más ingeniería, lo primero es observar el comportamiento del fuego, saber mucho de la humedad local, de los vientos, la topografía, el cómo estas variables van a influir y ahí preparar la táctica que vamos a usar para la planificación para el combate.
Lo que estamos haciendo es preparar a nuestra gente para que cuente con más herramientas para detener el fuego. Imagínate lo que es hacer un corta fuego de 40 centímetros y poder quemar dos metros hacia el incendio y no tener que hacer un cortafuego de dos metro y medio con herramienta que a los brigadistas los deja muy cansados.
Otro punto importante a considerar es hacer una formación profesional de brigadista. Que entre una persona a los 18 o 19 años en una temporada, si vuelve a la próxima temporada puede ir subiendo dentro de la misma brigada, incrementando su sueldo en la medida que vaya volviendo. Si tiene buen rendimiento, puede pasar a ser jefe de cuadrilla y luego ser parte de la planta de Conaf, siendo un jefe de brigada, eso es lo que pretendemos. No lo tenemos hoy, pero hemos dado los primeros pasos para esta formación profesional. Desde la inspección del trabajo llegó la notificación que se declara como trabajo pesado el de asistente de operaciones que para nosotros fue un logro, porque eso permite que las personas se puedan jubilar antes.
¿Cuán dañino es la destrucción del fuego, a tu entender?
Nosotros hacemos al final de la temporada un análisis de severidad del fuego. La verdad es que tienes fuegos que incluso son beneficiosos, pero también tenemos áreas muy complejas. Por ejemplo, en algunas quebradas donde tenemos alta concentración de vegetación y de bosque, la severidad, en general, será muy alta porque el fuego toma mucha temperatura y carboniza y eso va a costar mucho su restitución, y ahí es donde hay que poner los esfuerzos en poder recuperar esas áreas.
A diferencia de lo que nos pasó en el incendio de Tierra del Fuego, que eran áreas altamente degradas donde lo que se quemó principalmente eras palos gigantescos, árboles que estaban votados en el suelo y lo que se quemó va a ayudar a que se puede regenerar ese bosque nativo degradado. El daño del incendio va a depender de la severidad que tuvo para analizar qué se puede hacer en ese sector afectado.

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