Marco Gonzáles, operador en Forestal Galvarino

Marco Gonzáles, operador en Forestal Galvarino

Marco Gonzáles, operador en Forestal Galvarino

Marcos, a sus 16 años, tomó una trascendental decisión para su vida. Su padre lamentablemente había fallecido y de sus 11 hermanos, solo él y una hermana vivían con su madre, “entonces preferí que ella siguiera estudiando y yo ponerme a trabajar. Mi hermano mayor estuvo por muchos años como estrobero en la empresa Madesal en Hualqui y me llevó ahí. Me gustó porque nos daban, además del sueldo, lo que nosotros llamábamos pulpería, un quintal de harina y 10 kilos de azúcar, lo que era una ayuda para la casa. Estuve trabajando todo el verano y al llegar en invierno eran pocos los que se quedaban porque había menos trabajo. Al jefe le caí bien y quería dejarme a mí, pero eso significaba dejar a alguien sin pega y como yo era joven, prefería irme a otro lado y dejar ese trabajo para alguien más, yo quería salir a conocer”.

Marcos, a sus 16 años, tomó una trascendental decisión para su vida. Su padre lamentablemente había fallecido y de sus 11 hermanos, solo él y una hermana vivían con su madre, “entonces preferí que ella siguiera estudiando y yo ponerme a trabajar. Mi hermano mayor estuvo por muchos años como estrobero en la empresa Madesal en Hualqui y me llevó ahí. Me gustó porque nos daban, además del sueldo, lo que nosotros llamábamos pulpería, un quintal de harina y 10 kilos de azúcar, lo que era una ayuda para la casa. Estuve trabajando todo el verano y al llegar en invierno eran pocos los que se quedaban porque había menos trabajo. Al jefe le caí bien y quería dejarme a mí, pero eso significaba dejar a alguien sin pega y como yo era joven, prefería irme a otro lado y dejar ese trabajo para alguien más, yo quería salir a conocer”.

En Los Ángeles empezó como estrobero y el operador en la faena le iba pasando una de las máquinas para enseñarle. En aquella época, hace casi 40 años atrás, dormía en campamento, se hacía su comida y el pan. “Era lo que más me costaba, pero aprendí. Aprendí a hacer pan y a trabajar en las máquinas”.

“Había una empresa de Concepción que era como una escuela para nosotros. Tenía tantas máquinas que a todos los que llegábamos ahí, aguantábamos seis meses en el estrobo y ligerito nos echaban arriba. Le trabajábamos a forestal Mininco y teníamos un supervisor que me tenía buena porque era trabajador y un día me pasó una máquina para que fuera operador cuando tenía como 18 años. Estaba recién en eso, cuando el de arriba me dio una manito y me salió una posibilidad de trabajar en Puerto Montt, yo quería viajar, conocer. Allá la gente se encerraba en su casa temprano y nos daban toda la comida en conserva, del regimiento y me daban ganas de volver, pero me decía que cómo me iba a devolver tan pronto, nunca me había pegado un salto tan lejos. Así que me aguanté seis años. La comida ya había cambiado y la gente no nos miraba extraño”.

Luego su historia se traslada a Concepción, después a Florida y luego a Panguipulli, donde al no darse las condiciones para trabajar al llegar el invierno, vuelve a Hualqui a descansar. Ya estaba inquieto sin hacer mucho cuando Forestal Galvarino fue a tocar su puerta. Literalmente. Y es ahí donde lleva trabajando más de 27 años. “Me cambio la vida porque me gustaba, trabajaba solo y como yo era bueno para la pega, me levantaba a las 4 de la mañana y me acostaba temprano, sin mirar el reloj. Antes los campamentos estaban dentro del fundo y mientras más trabajaba, más ganaba”.

“Cuando entré a la empresa ya había conocido a mi señora, me había casado y estaba juntando lucas para hacer mi casa. Luego nació el primer hijo así que obligado a echarle pa’ delante”. Hoy el mayor tiene 21 años y va en tercer año de Trabajo Social; tiene una hija de 19 años que está estudiando educadora de párvulo “y una porota de 7 años”.

“Mi hijo nunca quiso nada con lo forestal, me acompañaba en las máquinas desde chico, pero dice que no está pa’ matarse. Eso lo dice porque tuve un accidente cuando tenía 18 años. Estuve seis meses en la Mutual por darme vuelta en un Skidder, por una rama muy pesada que se llevó la máquina y la partió en dos. Gracias a Dios, quedé sin secuelas. Me costó volver a trabajar si, pero de a poco se me fue el miedo. Es que me metía en partes muy peligrosas, era muy loco para trabajar, ahora tengo un ritmo de trabajo y hay un límite. Antes no había prevencionista, nada. Ahora se mueve una mosca y llegan los prevencionistas. Pero para el bien del trabajador, está bien sí. Nos piden no arriesgar la vida, ni la máquina. Ahora nosotros tenemos un plan de trabajo seguro y hay que seguirlo. No hay que ser confiado tampoco. Nos dicen que no podemos acercarnos a una máquina en cierta distancia y no lo tomé en cuenta una vez y casi una garra me pega y ahí prometí que nunca más.”

“Ahora con lo que está pasando, que nos están quemando las máquinas nadie quiere trabajar. A un compañero que estaba cargando un camión le pegaron, le quebraron las costillas unos encapuchados. Ya no nos dejan ir en autos particulares a las faenas por lo mismo y eso aleja a la juventud que quiera trabajar, y por lo mismo, si no les dan un trato adecuado, dejan la pega botada.”

“Los jóvenes no están interesados, incluso nosotros tenemos problemas para tomarnos vacaciones, porque no hay operadores de Skidder y mi máquina es nueva y es tan costosa, que no quieren subir a nadie sin experiencia, ya no trabajamos con estroberos a quien poder enseñarles y Mininco no quiere echar personas jóvenes arriba por los mismos accidentes. Quiere hacer lo mismo que Arauco, de tener escuelas y de ahí ir sacando y darles la posibilidad a los mismos hijos de operadores, pero de los hijos nadie quiere, mis colegas tienen hijos y nadie quiere la forestal.”

“Yo creo que ahí puede que tengan un concepto errado los chiquillos porque, por ejemplo, yo le digo a mi hijo: tú vas a sacar tu título, ¿cuánto crees que te van a pagar por ser asistente social? Y a ver si va a pillar pega. En lo forestal, por el trabajo que nosotros hacemos no está bien pagando como debiera estar creo yo, pero en todos los lados es lo mismo. Al menos en mi pega, nadie se mete conmigo, nos dan el alimento y el alojamiento, no como era antes. Ahora no existen los campamentos, ahora se tiene que arrendar casa que no esté a más de 50 km de la faena. En ese sentido es bueno. Nos cuidan el peso, lo que comemos y me están viendo la vista para que no me dé glaucoma.”

“Si, estoy contento, al menos no tengo nada que decir de la empresa. Yo creo que, a uno por los años que uno lleva, lo miran de otra forma, con más respeto y nos dan otras cosas. Yo no tengo nada que decir, cuando yo he necesitado, siempre ha estado.”

“Es que todo ha salido súper bien, tener a mis dos hijos en la universidad (se emociona), yo creo que cuando empezamos el matrimonio dejaba mucho a mi familia sola, mi señora fue la que salió adelante, porque antes venía por tres días a la casa no más. Ahora mi turno es de 8x6, otra cosa.”

“Igual me ofrecen pega para hacer en mi descanso, pero para eso ya no estoy, por la edad, ya con las lucas que gano no, ahora hay que vivir la vida Por mi hija chica, hasta que salga ella de la universidad.”

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