“Desde chico me di cuenta de que podía vender cualquier cosa”

“Desde chico me di cuenta de que podía vender cualquier cosa”

“Desde chico me di cuenta de que podía vender cualquier cosa”

Sergio Sepúlveda de empresas Nahuelbuta

Solo con enseñanza media completa y mucha dedicación, Sergio Sepúlveda Seguel ha logrado consolidar un holding conformado por 14 de empresas. Es un empresario que se ha hecho a pulso, aprendiendo de la vida, con la chispa del comerciante que aprovecha las oportunidades y que ha tenido que trabajar desde muy niño. 
A los cinco años este hijo ilustre de Purén se instalaba con su madre en la feria de esta ciudad a vender lo que el campo donde vivía -en el sector Coyancahuin, en la cordillera de Nahuelbuta- les daba y hoy, con 51 años es quien lidera a cerca de 500 personas que trabajan en los ámbitos forestal, transporte, áridos, remanufacturas, fabricación de pellet, secado de madera, aserraderos e inmobiliarias, entre otros. 
Reacio a dar entrevistas, recuerda sus inicios, reflexiona sobre sus pérdidas personales y entrega algunas lecciones, orgulloso de quién es. “Yo digo las ganás y las perdías, me dicen que soy huaso y sí, soy huaso. Mis colegas empresarios me pusieron zalagarda, también zorra manca, pero yo no siento vergüenza, al contrario”. 
“Nunca pensé en ser empresario, pero me tocó tener un papá alcohólico y tuve que salir a trabajar. Fui el primer hombre de la familia y a los cinco años me tocaba ir a Purén acompañando a mi mamá a vender cosas del campo al pueblo, caminábamos como 40 kilómetros, porque antes no había buses. Ella vendía queso y verduras y a los seis años yo también vendía mis cosas”.
Aprendió a leer y las matemáticas rápidamente, sin dejar de vender lo que pudiera. Mientras estudiaba en el internado en Traiguén, se guardaba los alimentos que le entregaban para luego venderlos a compañeros. “Estudiaba y vendía, al principio los panes que me daban, luego vendía dulces y así multiplicaba mis recursos y compraba los materiales de estudio para mí y mis hermanas. Ahí me di cuenta de que era capaz de vender cualquier cosa. Terminé mi enseñanza media en los internados, no tenía alternativa. A la universidad sabía que no podía ir porque se necesitaba más dinero”.
Su primer encuentro con el sector forestal ocurrió cuando llegó un aserradero cerca del campo, “fui a pedir pega en un verano como a los 12 años y me dieron trabajo de aserrinero. Salí bueno y empecé a ascender en el aserradero, fui tirador y partidor, también les cocinaba. Chechito me decían, la gente me tenía buena. Se empezaron a abrir las puertas y me buscaban para trabajar, también me hice motoserrista porque me pagaban por trozos y logré comprarme mi primera motosierra a los 16”. 
En esas labores casi pierde un pie “era por loco más que nada, uno trabajaba a la buena de Dios, como a uno se le ocurría, nadie le enseñaba nada. Ya viviendo en Purén, en el verano trabajaba en el aserradero y en el invierno salía con un amigo a vender ropa para el campo, al doblete. Le sacaba el doble de ganancia o la cambiaba por pollos o huevos”.
Ya terminando su enseñanza media, su madre lo impulsó a buscar una oportunidad en la celulosa que construía CMPC, para sacarlo del trabajo en los aserraderos, “estaba entre los más jovencitos, me fue súper bien en la prueba sicológica y dije aquí me la juego. Pasé todas las etapas y logré el cargo de operador de sala de control de madera”.
De ahí en adelante ocurren muchas cosas en la historia de Sergio. Siempre atento a las oportunidades de negocio, compra y vende los excedentes de los aserraderos, iniciando su primer giro comercial. Continúa en el negocio, se retira del trabajo en la celulosa y forma Forestal Nahuelbuta en 1997 y empezó a crecer. “Aprendí a manejar y de mecánica, vendía metros ruma, compré camiones, después hicimos cosecha de bosques y empecé a contratar gente porque había trabajo, hasta que me di cuenta de ya tenía a 50 personas trabajando conmigo y empecé a trabajarle a CMPC.”
Pero tener el capital necesario para consolidar sus empresas significó una apuesta arriesgada. ARAUCO le presentó la oportunidad de trabajar como contratista y necesitaba comprar equipos forestales que costaban cerca de $120 millones, “coticé préstamos en seis bancos distintos, no debía nada. Era 2008 en plena crisis asiática, los bancos tenían una taza de 0,32% muy favorable porque el Banco Central la había bajado para aumentar la inversión y yo tenía el apuro del proveedor y tenía que firmar luego. Tenía el ok de los seis bancos y me arriesgué, no podía dormir en las noches”.
Con los prestamos de los bancos compró buses, camionetas y varias máquinas las que se pagaron gracias a nuevos contratos que se adjudicó. “Salí a conseguir plata, me la prestaron y me fue fácil pagar eso, trabajamos harto, le hacíamos empeño. Para ser empresario, hay algo bien claro, hay que trabajar 24/7. Yo por más de 20 años trabajé más de 18 horas, dormía cuando podía, perdí mi primer matrimonio y la familia por lo mismo, pero es la única manera. Todavía trabajo más de 12 horas, pero hoy tengo gente y delego. Me siento más flojo, pero igual estoy pendiente 24/7 solucionando problemas el fin de semana, para que no falte la plata para los sueldos y el petróleo, pagar el IVA. Las otras cuentas se pueden patear un poquito. Hay que tener la mente clara. Hay meses que son malos y se pierde plata y otros son buenos y si uno gana hay que provisionar. No gastarse lo que te ganaste en un mes, porque no todos los meses son iguales, eso te mantiene sustentable en el tiempo”.
¿Cuáles cree han sido las claves para el éxito en sus empresas?
Esto es facilito, si compro a 3.9 y vendo a 4.1 ya hay un margen de utilidad. Lo otro es que, de 100 negocios, uno o dos son buenos. Es mejor dejar pasar los malos porque después hay que cumplir, para ser un buen empresario hay que cumplir, los negocios se empiezan y se terminan, aunque se pierda plata, por que con una cosa mala que haga, echa a perder todo lo que ha hecho.
Hay que estar tranquilo, pagar a sus trabajadores como corresponde, aunque uno vuelva a cero, pero hay que terminar igual porque son compromisos de palabra y los contratos son formalidades, la palabra vale mas que el contrato para mí.
¿Cómo ve hoy al negocio forestal?
Hoy la cosecha se ha puesto un poco más difícil. No estoy ganando plata en eso, pero igual estoy cumpliendo con lo que se pueda, porque la inflación ha subido los costos de los contratos forestales por el polinomio, petróleo, dólar y UF, el costo del aumento de sueldos, de lubricantes, pensiones, movilidad y eso hoy nos está pegando fuerte a los contratistas. Tengo un contrato de cinco años, voy en el cuarto y llevo meses perdiendo plata, pero no le aflojo porque me las arreglo por el otro lado. El costo más alto es el precio del kilo de pan, entre otros porque yo alimento a mis trabajadores. Los fletes internacionales subieron y los costos se fueron a las nubes y no tengo cómo hacer que la tarifa cubra eso.
También el recurso humano está super difícil, uno tiene costos altos en mantención y si uno va cambiando operadores porque en otro lado le ofrecen mejores sueldos, lo cambia por otro que no sabe tanto y los equipos lo sufren.
¿Qué opina del conflicto con el pueblo mapuche? Su empresa ha sufrido 15 atentados
Tengo algunas propiedades que he comprado en los remates, muchas de ellas están con problemas con mapuches con quienes trato de trabajar la mediería. No estoy en contra de ellos, la historia es así, siempre ha habido conflicto desde Colón. La represión ha existido y hay que ser consciente de eso, por ejemplo, los niños que se criaron yendo a buscar leña a los fundos de las forestales y los echaban, entonces empezaron a sembrar un odio ahí y lo que tu siembras, cosechas.
Hoy me estoy achicando por la parte de cosecha forestal porque me han quemado muchas máquinas, ha tenido 15 atentados, con 34 equipos quemados, lamentablemente por este conflicto que hay.
Los cabros jóvenes hoy mapuches y no mapuches quieren ganar sin trabajar, entonces mucho derecho pocos deberes.  Muchas comunidades me dicen que los cabros no quieren trabajar. Se van pa’ Santiago y vuelven y no son capaces de cortar un palo de leña. El narcotráfico se va metiendo y se aprovecha de esta situación de entregarles poder adquisitivo y tenerlos dentro de sus alas.
Veo que, sobre todo la juventud, cree que en el área forestal somos depredadores, no somos bien vistos. Me dicen que hacemos daño a la ecología, contaminamos con las máquinas y quieren que vivamos como antes. Yo les digo ¿y usai confort? Todo lo que te permite tener un estilo de vida de mejor calidad, todo viene de la fibra de la madera y los bosques que trabajamos no son nativos, son bosques renovables. La madera es lo que la humanidad necesita.

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