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Pino radiata, el Príncipe de los Pinos, un árbol que podría llevar a Chile a ser carbono neutral

Pino radiata, el Príncipe de los Pinos, un árbol que podría llevar a Chile a ser carbono neutral

Roberto Ipinza Carmona, ingeniero forestal de la Universidad de Chile, doctor ingeniero de Montes y especialista en técnicas de conservación y mejoramiento genético, destacó las cualidades de esta especie.


Chile enfrenta un desafío que es muy ambicioso, que es ser un país carbono neutral y resiliente al clima a más tardar el 2050, una fecha que incluso, según los optimistas, podría adelantarse si las circunstancias así lo permiten, ya que será revisada cada cinco años. Además, para enfrentar el cambio climático, establece acciones concretas para 17 ministerios.


Sin embargo, esa meta parece que no es fácil de alcanzar, porque se ha disminuido drásticamente la tasa de forestación, según la visión de Roberto Ipinza Carmona, ingeniero forestal de la Universidad de Chile, doctor ingeniero de Montes de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, España, y ex director de la Cooperativa de Mejoramiento Genético de la Universidad Austral de Chile – Conaf y Empresas Forestales, y también ex profesor de Mejoramiento Genético de esa casa de estudios.
Afirmó que, así como va el desarrollo forestal del país, no se llegará a cumplir esa meta, puesto que la tasa de forestación debería ser por sobre 100.000 hectáreas por año y eso en el corto plazo nos pasará la cuenta, en especial para la pyme maderera que usa también el pino radiata, una noble especie.


“Desde el punto de vista del manejo forestal sustentable debería considerar dos aspectos. Lo primero es un énfasis en un manejo preventivo de todo el sector bosques en Chile, es decir, que no existan incendios de bosques o tolerancia cero con estos siniestros. Esto implica cambiar los sistemas de manejo, pero seguir con las especies que ya están naturalizadas. No podemos demonizar al pino radiata, porque tenerlo es casi una bendición”, remarcó el también especialista en técnicas de conservación y mejoramiento genético, consultor internacional y quien actualmente trabaja como investigador del Instituto Forestal (Infor).


A su juicio, esta especie se debe manejar con algunos cambios en su silvicultura para evitar que alguien prenda un fósforo y que se queme todo. 


En ese sentido, y como segundo punto, cree que el pino radiata debería tener el lugar destacado por su doble importancia tanto ecológica como productiva, es un “árbol de los milagros”, debido a que logra detener la erosión, es esencial para producir madera, captura el dióxido de carbono y cuidándolo podría llevar el país a ser, probablemente, carbono neutral. “Si este árbol no está involucrado directamente, no hay especie nativa ni exótica que sea capaz de superarla. Ya está naturalizada pues tiene características que, si alguien la hubiese querido inventar a través de la biotecnología, no sería de la forma que es”, planteó el también presidente Regional del Colegio de Ingenieros Forestales de la Región de los Ríos.


-Por lo que sostiene, ¿existe una mala visión de lo que es el pino?, ¿será porque, entre otras cosas, se utilizó para construir elementos de bajo valor y por eso ha costado tanto darle el lugar que se merece?


-Contaré una anécdota, con la cual ejemplifico mejor la respuesta. Hace un par de cientos de años, en Italia, detrás de la Fontana de Trevi, había un convento donde se extendió la malaria. Unos monjes plantaron alrededor de 2.000 árboles de Eucalyptus globulus, otra especie naturalizada en Chile, con lo cual disminuyeron la cantidad de agua que tenían los pantanos y por ende disminuyo la enfermedad de la malaria, que se transmitía por unos mosquitos, y la enfermedad que afectaba al ser humano dejó de ser importante. Por ende, esta especie salvó a la gente de Roma de esta enfermedad. La gente tomó conciencia de eso y la idea se propagó por el mundo. A nosotros con el pino nos pasa algo similar y de forma muy benéfica, porque es capaz capturar el CO2, de detener la erosión, que es principal flagelo ambiental que tiene Chile.

Educación
Ipinza agregó que hace algunos años, en Nueva Zelanda los días domingo había un canal de televisión sobre el pino radiata, donde se explicaba a la audiencia las bondades de este árbol, también denominado el “Príncipe de los Pinos”. El programa explicaba los procesos y los productos que originaban las plantaciones, ya que la gente no tiene por qué saber ciertas cosas, pero si es interesante que el Estado y/o el sector privado, se unan para educar.


Recordó que en nuestro país hubo una aproximación acerca de esto, que fue la campaña denominada “Bosques para Chile”, donde se empezó a dignificar el pino radiata, a nivel de colegios, juntas de vecinos y entidades gremiales, entre otros. Se explicaba sus bondades, sobre todo porque las personas no saben que el papel de los cuadernos y los libros que tiene en la mano proviene de unas especies naturalizadas como los pinos o eucalipto. Por ende, estimó que se debe educar en un contexto en que la ciudadanía demanda conocimiento.


“Contrarrestar el ecologismo radical, que quema bosques, se hace a través de la educación y yo tomé parte de esa campaña siendo parte de los voceros nacional y regionales de esa iniciativa y cuando fui director ejecutivo del Infor, ya que estaban involucrados los sectores públicos y privados. Pienso que falta revitalizar esa alianza virtuosa porque es clave para tener una visión objetiva de lo que hemos avanzados estos últimos 70 años, como país forestal”, subrayó. 

Deforestación
Por otra parte, sumó que desde hace cientos de años muchas zonas de altas montañas han sido desforestadas del bosque nativo, por lo que se perdió la vegetación que amortiguaba las lluvias extremas, se debió recuperar y plantar en su momento. “Antiguamente la gente también necesitaba leña, y era su único combustible para cocinar y calentarse, construir sus casas, obtener durmientes de ferrocarriles entre otros productos. Han sido cientos de años que la leña ha sustentado al ser humano, pero felizmente la presencia hoy del eucalipto ha venido a disminuir la degradación y constante presión por agotar el bosque nativo para la obtención de ese producto tan necesario. Por eso el incentivo para plantar estas especies naturalizadas permite la directa protección del bosque nativo”, hizo ver.

Lo otro que apreció es que el ser humano ha construido en los antiguos cauces de los ríos y hoy, antes los eventos extremos del cambio climático, la naturaleza está pasando la cuenta. Por esta y otras razones es pertinente reforzar la forestación de la alta montaña y riberas de cauce entre otras.


- ¿Y es tarde como para plantar en esas zonas?
-No, no es tarde, aún se puede plantar. Hay un modelo interesante de recordar en la ciudad de Coyhaique, que es una ciudad que sufrió inundaciones, derrumbes y avalanchas, ya que los incendios del bosque nativo en su entorno arrasaron con toda vegetación y el suelo quedo desnudo. La Conaf intervino el cerro Divisadero, reforestó y construyó estructuras de ingeniería para evitar que el suelo se viniera abajo, porque comprometía a la localidad. Este es un ejemplo claro de acciones de la ingeniería forestal para evitar desastres sobre las poblaciones de los seres humanos. En situación donde el suelo se había calcinado, no hubo otra alternativa que plantar las cumbres con especies pioneras, es decir, coníferas, plantaciones exóticas, acompañadas por estructuras hidráulicas que evitan que se produzcan derrumbes e inundaciones. Es algo común, que se ha hecho en Suiza, Alemania y en varios países. Esto lo digo porque si las cuencas hubiesen estado reforestadas el bosque amortigua el flujo devastador del agua, en los eventos extremos.


-Con todo lo expuesto, piensa que el cuidado de los bosques ¿está en peligro en Chile? La pregunta es por los incendios que se repiten todos los años y por las erosiones, cuya consecuencia, en parte, la sufrieron muchas familias durante el invierno, con pueblos completamente inundados.


-El riesgo de destrucción es permanente, pero creo que existe la base técnica y la necesidad social para manejar los bosques de manera preventiva y proactiva, pero lo que nos falta es algo que planteó un gran científico español, que es la estrategia de gestión basada en la confianza. Estimo que debemos sintonizar con eso en todas las organizaciones tanto públicas como privadas, y recordar que los árboles, esas maravillas vivientes que producen oxígeno y a cuya sombra no cobijamos, no tienen religión y ni preferencias políticas. Tenemos que cambiar el paradigma, emigrar hacia un manejo forestal participativo basado en la confianza, que es un punto vital.

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