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Reflexiones sobre el sector forestal chileno

Reflexiones sobre el sector forestal chileno

Por Hans Grosse W., ingeniero forestal y Dr. en Silvicultura.

Durante decenios hemos visto crecer un sector que se fue levantando con grandes esfuerzos públicos y privados. Tal vez todo comenzó con las iniciativas innovadoras de un Vicuña Mackenna, un Federico Albert ya a fines del siglo XIX. Luego la ley de bosques que contribuye a la forestación de 190 mil hectáreas hasta mediados del siglo pasado. 

De ahí diversas universidades preparan a partir de la segunda mitad del siglo XX profesionales sectoriales y la institucionalidad pública se va ordenando a través Infor, Coref y luego Conaf con una Corfo que empuja la industrialización y forestación. El decreto ley 701 impulsa masivamente la forestación y las exportaciones, así como el abastecimiento de madera en el mercado nacional crece enormemente. 
Una ley de recuperación de bosque nativo generaba la ilusión de potenciar esa parte del sector forestal con manejo sustentable. Muchas cosas se hicieron bien y han sido ejemplo de cómo crear un sector prácticamente inexistente. En el camino también se cometieron errores en lo técnico, como también en lo estratégico que deberán ser analizados y corregidos para garantizar el desarrollo permanente del sector. 

Un sector forestal privado con cerca de 100 mil propietarios dueños de bosques plantados y nativos con sus respectivas industrias, a lo que se suma el patrimonio del Estado con sus reservas y parques nacionales ha tenido que enfrentar noticias preocupantes durante los últimos años. 
Catastróficos incendios han mermado el patrimonio forestal significativamente, gatillados por una mega sequía que duró 15 años y el aumento en la intencionalidad en provocar el fuego han sido una amenaza constante durante los períodos estivales. El robo de madera, la quema de maquinaria y de infraestructura han sido durante los últimos años una compleja realidad para las personas que trabajan en el sector. A esto se agrega que por parte del Estado no existe una ley que fomente a través de subsidios la restauración de las masas quemadas ni nuevos proyectos de forestación. La ley de recuperación de bosque nativo lamentablemente ha estado muy lejos del impacto que se esperaba, ya sea por sus mezquinas bonificaciones al manejo o por la compleja tramitación para lograrlos.

¿Será todo esto un problema entre privados que se disputan el patrimonio forestal en el territorio donde el Estado solo observa?, ¿o será más bien un problema que debe ser enfrentado de manera conjunta entre los actores privados y el Estado? 

Sin lugar a dudas es lo último, pero ¿se están coordinando bien las acciones para enfrentar los problemas? El sector privado actúa a través de sus gremios con voces que han denunciado una y otra vez lo que los aqueja. ¿El Estado está en un adecuado nivel para resolver esto?, ¿quién es el interlocutor del Estado? Se reconocen los esfuerzos del Ministerio de Agricultura (Minagri) y sus instituciones y del Ministerio del Interior para contribuir a la solución de los problemas. ¿Pero, se ha logrado avanzar de verdad? Todo indica que se requiere de una institucionalidad que esté acorde con los desafíos, que sea capaz de coordinar desde el ejecutivo las acciones sectoriales. Una propuesta lógica es la de disponer de una subsecretaría forestal en el Minagri concentrada en exclusiva en los temas forestales y de empujar acciones que permitan la proyección sustentable del sector.

¿Y cuáles son los desafíos que se plantean para este necesario trabajo público-privado conjunto con la finalidad de salir de la inmovilidad actual? Reconociendo que la base del desarrollo esperado está descrita en el documento sobre la política forestal hasta el año 2035, debería ponerse especial énfasis en dos herramientas de apoyo fundamental para impulsar el manejo forestal sustentable. En esta línea se requiere con urgencia recuperar los bosques plantados destruidos por los incendios y cumplir con los compromisos internacionales que asumió Chile ante las Naciones Unidas y, por otro lado, se requiere modificar la “ley de recuperación de bosque nativo” para que realmente se convierta en la herramienta para la cual se creó. Ambas acciones requieren de un fomento del Estado que permita que las cosas sucedan. Para los bosques plantados y con foco en medianos y pequeños propietarios una nueva ley de fomento aparece imprescindible si se pretende mantener los niveles de productividad que en algún momento se alcanzaron.

A su vez en primera línea de las prioridades del bosque nativo, están los bosques de segundo crecimiento con dominancia de especies del género Nothofagus que a través de técnicas de la silvicultura deben ser llevados a su valorización en pie. Los crecimientos que ofrecen son atractivos comparados con los de los países del centro de Europa que llevan siglos practicando el manejo sustentable de estos, y hoy disponen de bosques multifuncionales que están al servicio de las necesidades de la sociedad. Para ambas situaciones Chile se está perdiendo enormes oportunidades de desarrollo. 

Por otro lado, se cuenta con el recién creado Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, que dentro de sus funciones deberá hacerse cargo de los parques nacionales, que en parte importante contienen masas boscosas de enorme valor ecológico. Históricamente los financiamientos para estos parques han sido insuficientes y habrá que enfrentar nuevos desafíos y probablemente invitar otros actores más allá del estado chileno para su financiamiento y desarrollo para el turismo y cuidado.

No hay duda alguna que todo desarrollo forestal solo es posible en un marco de seguridad que permita su funcionamiento. Mas allá de acciones legales y del orden hay desafíos nuevos que enfrentar con la sociedad en general, con la vecindad y la pyme maderera que pueden significar nuevas figuras de convivencia y de asociatividad. 

Habrá que mirar experiencias ocurridas en otros lugares del mundo en el contexto de como armonizar con el mundo indígena, aprender de ellas y adecuarlas a la situación nacional. A su vez analizar la operatividad de la estructura de propiedad mirando hacia el largo plazo, considerando las ventajas y desventajas de la concentración de esta. Hay avances en este sentido, pero se requieren más esfuerzos y sobre todo generosidad por parte de todos los actores incluyendo al Estado, al sector privado, las comunidades indígenas y la sociedad en general. Y, no se debe perder de vista que esta última requiere a diario de los productos forestales y no forestales y de los servicios ambientales que entregan los bosques. Podemos volver a soñar por un sector forestal siempre y cuando se hagan las tareas entre todos, cumpliendo con las acciones concretas planteadas en un marco de manejo sustentable.

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