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El brigadista debe ser muy responsable, porque el incendio no es para ir a experimentar

El brigadista debe ser muy responsable,  porque el incendio no es para ir a experimentar

Zacarías Sandoval, fue combatiente desde joven y hoy, con sus 71 años, sigue ligado a esta tarea como instructor. Ha formado a más de 5.000 nuevos profesionales.

Ser brigadista forestal no es una tarea fácil. Se requiere sacrificio, vocación y amor por lo que se hace. Eso es lo que intenta transmitir a sus alumnos Zacarías Sandoval, quien, a los 71 años, sigue ligado a esta tarea como instructor.

El combatiente es originario de Cunco, en la Región de la Araucanía, y desde la temporada 1976-1977 que se dedica a este rubro, partiendo en Conaf, para luego pasar por Mininco y la desaparecida Forestal Biobío, entre otras empresas.

“Llevó 47 años trabajando exclusivamente en incendios, un tema que me apasionó, porque desde que lo conocí no paré más. Partí como jefe de campamento en la Conaf y como me empezó a gustar yo pedí participar en todos los cursos que hacía, porque en ese tiempo la corporación realizaba muchas capacitaciones. Yo soy técnico agrícola con mención en arboricultura frutal, pero nunca ejercí lo que estudié. Como me gustaron los incendios me capacité y como soy competitivo, me gusta hacer todo bien de principio a fin”, recalcó

- ¿Y cómo le iba en los cursos que tomaba?
-Me sacaba muy buenas calificaciones sin tener experiencia en incendio. Pero como venía saliendo del colegio y administraba una sociedad agrícola, se me hacía mucho más fácil aprender que el común de los brigadistas. Tenía excelentes notas, pero todo era teórico y me faltaba la parte práctica. Entonces, en la Conaf existía un jefe de brigada y uno de campamento. Yo pedí autorización para empezar a salir a los incendios para ver qué pasaba. Tuve toda la bendición de que el jefe de Brigada, que fue Oscar Cariqueo, y los dos jefes de cuadrilla, me empezaron a enseñar todo. Ellos fueron mis maestros en la parte práctica hasta que me dejaron solo a cargo de un incendio de pastizales. Me fueron corrigiendo en el terreno y aprendí mucho. Fue la profesión que me gustó y seguí perfeccionándome. Hasta que me ofrecieron ser jefe de brigada.

- En ese nuevo rol, ¿cómo le fue y de qué manera enfrentó ese desafío?
-Me fue súper bien, porque había tantos incendios con una situación similar a la ocurrida el 2017 y este verano, pero en La Araucanía. Entonces sacaron todas las brigadas de Malleco y Curacuatín. Me dejaron solo en la primera localidad combatiendo de 10 a 12 incendios en el día. Controlábamos y partíamos a otro siniestro, con menos brigadistas y todo más rústico. Hoy veo a las brigadas y me da algo de envidia al ver las condiciones que tienen.

-Actualmente, ¿en qué está, sigue combatiendo incendios o cumpliendo otra faceta?
-Dentro de la evolución opté por la capacitación. Hace más o menos 2 a 3 años que no voy incendios, pero no es porque no me la pueda, sino porque me interesa formar brigadistas, por lo que estoy enfocado en ser facilitador en conocimientos.

-Al llevar tanto tiempo en ese rubro ¿tiene alguna estimación de cuántos brigadistas ha capacitado?
-Yo creo que debo andar entre los 4.000 a 5.000, porque hasta el año pasado capacitábamos en promedio 500 y llevó 10 temporadas en esto.
 
-Y desde que comenzó a formar a combatientes del fuego, ¿tiene mayores herramientas para transmitir?, ¿cómo es el brigadista de hace 10 años al compararlo al de hoy? 
-Es muy diferente. El brigadista de hace 10 años se diferencia en la actitud. El antiguo tenía una mística especial, se caracterizaba por ser distinto a los demás. Eran personas a las que normalmente llamamos aperrados en buen chileno. Trabajaba en el incendio porque le gustaba y más encima le pagaban. Lo mismo que me pasaba a mí, que combatía incendios porque me encantaba. Ahora es el revés, trabaja para que le paguen. No tiene otra motivación, ahora es la plata primero. Bueno, hay excepciones y existe gente antigua que todavía está al frente. En el fondo son personas especiales y que tienen más de 20 años de experiencia. Entonces yo me dedico ahora a capacitar porque me apasiona.

-Por ende, con la experiencia que tiene, ¿no le interesa retirarse aún?
-No me interesa retirarme e incluso negocié contrato con una empresa hasta fines de enero de este año, pero llegó febrero con todos los incendios, por lo que había que preparar gente, a contratistas, darle cursos para que pudieran trabajar en incendios. Entonces me encontré en la disyuntiva, porque tenía programado ir a la Carretera Austral con mi hijo, con quien hablé y le expliqué que la emergencia me obligaba a estar capacitando.

- ¿Y le gusta capacitar, formar a nuevos brigadistas?
-Sí, me encanta, aunque se pasan malos ratos con los jóvenes, porque son medio desordenados, les falta disciplina, de repente aparecen unos con aros, pelo pintado, pero es parte de este trabajo.

-Entonces, si la formación ha evolucionado, ¿cuál es la diferencia entre los incendios de antaño a los de hoy?
-La carga y la disponibilidad de combustible, dos cosas que están muy ligadas a la celeridad de los incendios, además del cambio de la temperatura y la humedad. Antes la carga era menor por el tipo de manejo que tenían los bosques, principalmente del pino. A fines de temporada se eliminaba mucho combustible. Hacíamos quema de 5.000 y 6.000 hectáreas de varios predios, pero comenzaron las certificaciones y se detuvo esta acción. El material inflamable quedó en fajas o disperso tras la cosecha, lo que hizo que los siniestros fueran más complejos de controlar, porque la carga del brigadista también aumentó, hasta que el desecho se reutilizó o se hicieron quemas en invierno o bien se utilizó para chip o biomasa.

-Volviendo a la conversación inicial, ¿qué características cree usted debe tener el brigadista forestal, aparte de ser más comprometido con el trabajo?
-El brigadista debe ser muy responsable, porque el incendio no es para ir a experimentar. Trabajar en incendio no es para sacarse una selfie o transmitir para las redes sociales. El siniestro es una labor seria, puede causar daño. Nosotros hacemos mucho hincapié en el tema de seguridad, que es algo importantísimo. Entonces hay que concientizar a la gente que es mucho más valiosa la vida de ellos que la de un pino. Se pueden quemar millones de pinos, pero no está permitido que uno de ellos se muera, pero el problema está que cada vez que muere una persona en un incendio es una lección aprendida, pero dolorosa y nosotros les transmitimos que no pueden ser los conejillos de indias para que otros aprendan. En el incendio hay que cuidarse, hay que exigirle responsabilidad al brigadista. 

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