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En Lebu nacen instrumentos de cuerda elaborados de madera chilena

En Lebu nacen instrumentos de cuerda elaborados de madera chilena

Los hermanos Mario y Pablo Riquelme rescatan material que se utiliza para fabricar botes para luego crear guitarras acústicas y eléctricas, además de mandolinas y charangos. También reparan otras piezas musicales.

En Chile, la mayoría de quienes gustan de la música y la tocan adquieren sus instrumentos en tiendas especializadas y, por lo general, son importados. Sin embargo, en el país existen varios lutieres que dedican su vida a fabricar guitarras, bajos o mandolinas. Ejemplo de ello son los hermanos Mario y Pablo Riquelme, ambos de la comuna de Lebu, en la Región del Biobío, quienes comenzaron a fabricar piezas musicales, cuando descubrieron hermosos diseños de madera mientras trabajaban con su abuelo.

“Cuando trabajaba con mi abuelo, Juan Francisco Arévalo Antimán, me empecé a dar cuenta que existían diversos tipos de madera cuando fabricábamos o a veces desarmábamos casas. Le decía a mi tata lo bonito que eran los palitos. En eso estaba cuando repentinamente empezamos a averiguar acerca de los instrumentos que se podían hacer con madera, en especial porque desde niños que somos músicos”, recordó Mario, quien es operador de maquinaria pesada y mecánico industrial nivel medio del Liceo Politécnico B-54 de Lebu. Con el paso del tiempo, se fabricó su propia guitarra eléctrica hasta que un día un amigo, al ver su creación, le motivó a que se dedicara a esto. Junto a Pablo, su hermano y administrador de empresas, comenzaron a aprender más sobre la elaboración de instrumentos y qué tipo de madera utilizar, pues deben tener cortes especiales para poder ocuparlo como una tapa armónica, un fondo o un cierto tipo de dimensión para el brazo de la guitarra.

Cualidad del ciprés

Fue así como “empezamos a buscar dentro de las maderas que existen en Chile cuáles servían y cumplían con ciertos requisitos técnicos. Nos dimos cuenta que el ciprés satisfacía con mucho de lo que necesitábamos, pero tiene demasiados nudos. Entonces para hallar algo liso nos percatamos que para fabricar lanchas compraban el árbol completo. Consiguen el tronco del ciprés y van sacando cortes, algunos de los cuales eran desechados por los constructores de las embarcaciones. Esos restos cuentan con las especificaciones técnicas que requeríamos”.

Aparte, otro amigo les dijo que, en Boca Lebu, donde fabrican los botes, había tablas que podían rescatar, porque la mayoría son quemadas para deshacerse de ellas. De esta forma comenzaron a recuperar material.

También, rememoró que una vez, en una charla, les llamó la atención mucho lo que era la economía circular y entonces empezaron a averiguar en qué consistía. “Por ende, nos planteamos que las maderas están terminando en leña para el fuego. Junto a ello, por ejemplo, descubrimos que los marcos de unas ventanas de unas casas que desarmábamos, eran precisos y bonitos para mangos de guitarras eléctricas”, hizo ver.

Pero para echar a andar la fábrica necesitaban apoyo y su hermano Pablo, quien es administrador de empresas, postuló a un proyecto a Sercotec y se adjudicaron la propuesta. Partieron con reparaciones y a la vez fabricación, donde entraron al mundo de lo que son instrumentos acústicos. Así nació MRA Guitarras.

Actualmente, lo que más venden en el año es una mandolina modelo Aurora, que es un diseño propio. Esta está hecha de madera chilena. La primera que elaboraron fue para un integrante de una tuna de Concepción. Además, fabrican bajos, guitarras eléctricas y acústicas, charango, panderos cuequeros y tormentos, entre otras cosas, pero con la diferencia que todo tiene aplicación de colores y diseños propios.

“Todo es autodidacta. No tomé cursos ni algo parecido. Mis amigos me preguntaron cómo llegué hasta ahí y les respondí que mientras yo no tuve la habilidad no cobré, hacía cosas para mí, pero una vez que aprendí, sobre todo leyendo, llevé todo eso a la práctica y me resultó. Encontré mis métodos de trabajo y con eso estamos hasta el día de hoy aprendiendo todos los días”, remarcó Mario.

Su forma de laborar es primero agendando a quien esté interesado en algún modelo. Tras esa cita se van analizando los diseños y luego busca la madera en el embarcadero o bien compra en barracas de Lebu. También le ha ocurrido que amigos le llevan piezas, como un durmiente, que le sirve para los puentes de guitarra.

Sobre los precios, el lutier señaló que varían de acuerdo al modelo o según la escasez de la madera y lo difícil que es encontrarla. Una vez que está la madera y el diseño aprobado por el cliente, empieza a fabricar el instrumento, que demora dependiendo de lo que se pide. Por ejemplo, las guitarras tardan un poco más de un mes en estar listas, pero ahora gracias al último proyecto que ganaron pudieron adquirir una máquina CNC, un equipo de corte, grabado y/o marcado, que controla la posición y velocidad de los motores, a través de una computadora que acciona los ejes de la máquina mediante un Control Numérico Computarizado, lo que ayuda a acelerar el proceso.

Cada diseño lo hacen en 2D o 3D, como todas las caras o las piezas, para después pulir y ensamblar lo que más se pueda, pero los contornos, lo que es acústico, se hace a mano. “A veces se calienta la madera para curvarla. Después el interior también se va pegando, porque es algo que no se puede hacer mecanizado”, explicó Mario.

La mandolina F5

Sobre el instrumento más difícil de confeccionar, Mario reconoce que es la mandolina F5, que posee una tapa de un bloque, en comparación a otras que son lisas, por lo general de 2 o 3 milímetros. La de ellos es un bloque de un centímetro y medio más o menos, además de curvo arriba y abajo. Aparte, tiene una vuelta arriba, incluso, “cuando expusimos en Concepción, la gente pensaba que era un violín”.

Pero no todo se queda en la elaboración, sino que también en ajustar acordeones, saxos y trompetas, entre otras cosas “La gente llega pidiendo arreglar instrumentos y nos hemos adaptado y aprendido a hacer este tipo de tareas”, según Mario.

Aseguró que tienen muchos clientes y demanda, con gente que viaja 5 o 6 horas en venir a dejar un instrumento y después lo mismo en retirarlo. “Nuestra idea es que lo que hacemos sea personalizado, no trabajamos en serie, yo no acumulo instrumentos. Yo podría hacer miles de guitarras y tenerlas guardadas, pero nadie me las compraría”, aseveró.

En Chile, según apuntó Mario, la lutería todavía es algo muy nuevo, hay pocos que se dedican a fabricar instrumentos en comparación con Argentina, que tiene muchos lutieres y muy destacados. “En nuestro país tenemos uno que otro, pero nuestra idea es seguir adelante, porque nuestro trabajo ya es reconocido y único”, cerró.

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Arauco R

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