Editorial

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La resiliencia de los forestales

La resiliencia de los forestales

La adaptación a la adversidad, a la amenaza y a la permanente tensión que ha debido vivir el sector forestal en los últimos tiempos, han hecho que este sector tan importante para la economía de las regiones, muestre señales de vigilia y de no poder avanzar en nuestro país.

Señales preocupantes como la ausencia de proyectos de inversión significativos, el cierre de industrias y pequeños aserraderos, y una institucionalidad forestal deficiente, ponen en evidencia su fragilidad, condición que hace un tiempo no se veía.

La actividad delictual permanente, expresada en el robo de maderas, en los atentados a trabajadores y a faenas forestales y en los últimos años los incendios, son una clara muestra de la alta vulnerabilidad de este sector, que progresivamente nos mantiene en estado de incertidumbre esperando cuál de todas esas acciones aumenta o disminuye. Nos movemos en un ambiente de violencia y delitos de manera continua y constante.

Es cierto que en el último año se ha avanzado de manera cuantitativa en la persecución del delito de robo de maderas, hecho que financia y provee los medios económicos para que se cometan los atentados incendiarios a contratistas forestales en la macrozona sur, pero no es razón suficiente para estimar que se está generando una condición de trabajo normal, que dista por lejos de lo que vivíamos hace una década atrás.

La llegada de la temporada estival se ha transformado en una verdadera travesía por el desierto para los forestales, que muestra la destrucción de los bosques nativos y las plantaciones y que deja abierto otro gran problema para el sector, la alta intencionalidad, no controlada ni penalizada, que en algunas comunas de la macrozona sur alcanza a 70% a 80 %. Hay que tomar decisiones y quienes nos gobiernan tienen la responsabilidad a través de proyectos de ley de proponer las normas y leyes que regulen el sector, buscando para ello el bien común y el desarrollo de Chile como país forestal. No olvidemos que Chile es un país forestal, ya que el 35% de su superficie es de esa aptitud.

Los gremios forestales hemos hecho el trabajo, hemos asistido a todas las mesas que nos han convocado y realizado todos los diagnósticos necesarios. Creemos que llegó el tiempo de las definiciones, de convocar y de actuar.

Los desafíos climáticos futuros que enfrentará el país, hacen que los bosques nativos y plantados sean un importante aporte como reservorio y proveedor de CO2, para el reemplazo de productos sintéticos, como materia prima de ropa y el principal abastecedor de madera para la construcción de viviendas. Es por ello que necesitamos un sector que deje atrás la constante resiliencia, que supere la permanente tensión y las amenazas, y se transforme en un motor que ayude a empujar el desarrollo verde del país.

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