La satanización de las plantaciones forestales en la Ley de Cambio Climático

La satanización de las plantaciones forestales en la Ley de Cambio Climático

La satanización de las plantaciones forestales en la Ley de Cambio Climático

Marcos Tricallotis Campaña, PhD, consejero regional región de Valparaíso y Vicepresidente Comisión de Medio Ambiente, Patrimonio Natural y Cambio Climático.

La actual administración del presidente Gabriel Boric publicó el 13 de junio del presente año la tan anhelada Ley Marco de Cambio Climático N.º 21.455. Una ley tan esperada como necesaria puesto que las emisiones de gases con efecto invernadero no han hecho sino aumentar en el país, a la par con el progreso económico y material, empinándose ya en el año 2010 por sobre los 87 millones de toneladas de CO2 equivalente, según un estudio de la CEPAL de 2017. 
En la ley se establecen importantes instrumentos de gestión mediante la Estrategia Climática de Largo Plazo que, en gran parte, ya se habían adelantado en 2017 cuando se lanzó la Estrategia Nacional de Cambio climático y Recursos Vegetacionales por CONAF y el Ministerio de Agricultura. En dicha estrategia proyectada para el período 2017-2025, el manejo forestal sustentable y la reforestación de 100.000 hectáreas para 2030 -principalmente con especies nativas- eran un pilar fundamental de dicha estrategia.
Desafortunadamente, la Ley N.º 21.455 se esfuerza en ignorar sistemáticamente tanto la evidencia científica, como las recomendaciones de los organismos internacionales que quienes se encuentran actualmente en la administración de gobierno dicen tanto escuchar. Es así como en su artículo 3º establece que “en ningún caso las actividades de monocultivo serán consideradas refugio climático”, es decir niega el papel de sumidero de carbono y regulador del clima que también tienen las plantaciones forestales en todo el mundo. Esto se profundiza aún más en el artículo 4º donde en referencia a los “niveles de absorción almacenamiento y absorción de gases de efecto invernadero, se deben establecer lineamientos relativos a la conservación de los ecosistemas, restauración ecológica, forestación y reforestación con especies nativas”, entre otras acciones, pero que “los lineamientos no incentivarán la plantación de monocultivos forestales”. Así tal cual usted lo lee.
Si quienes están en la actual administración de gobierno dejasen de tener una visión tan enfermizamente ideológica y negacionista ante la evidencia científica no hubiesen permitido la redacción de tales disparates en la Ley de Cambio Climático. Si bien es conocido que los monocultivos de plantaciones forestales difícilmente alcanzarán los niveles de biodiversidad y de secuestro de carbono que los bosques nativos, sí cumplen un tremendo rol en la lucha contra el cambio climático. 
En primer lugar, las plantaciones forestales “quitan presión” a la tala de bosques nativos evitando su explotación indiscriminada, debido a que los “malvados” monocultivos son de rápido crecimiento. Si no existiesen las plantaciones, los bosques nativos serían prácticamente arrasados para cubrir las crecientes necesidades por viviendas sustentables en madera, y fibra de celulosa, que se espera se tripliquen de aquí a 2050. Y la regeneración de los bosques nativos tomaría varias décadas en ocurrir para que tal cosecha -con las actuales necesidades- pudiese ser sustentable.  No por nada, de los 17 millones de hectáreas de bosques que Chile posee, 14 millones son bosque nativo y no más de 3 millones son plantaciones forestales. 
En segundo lugar, la importancia de las plantaciones forestales no ha hecho sino aumentar, debido a que, en general, los bosques manejados son una estrategia de lucha más contra el cambio climático. Esto ha sido ya reconocido por la Conferencia de las Partes (COP), en el Protocolo de Kioto, en el artículo 3, párrafo 4, desde el primer período 2008-2012 en que entró en vigor. El artículo en cuestión permite a los países elegir cualquier tipo de manejo forestal, manejo de plantaciones, tierras de pastoreo y actividades revegetacionales, para cumplir con el compromiso de reducción de emisiones. 
En el caso de Chile, se estima que el sistema de bonificación forestal del Decreto Ley N.º 701 de 1974 y su posterior modificación a través de la Ley N.º 19.561 de 1998 ha permitido, según estudios de la ODEPA, que se hayan secuestrado más de 44.5 millones de toneladas de carbono atmosférico que es parte integral de la biomasa forestal. Si bien la cantidad de carbono que puede secuestrar un bosque nativo es significativamente mayor, los datos anteriores muestran que las plantaciones forestales sí juegan un papel importantísimo como sumideros de carbono: crecen rápidamente secuestrando carbono en su biomasa, protegen los stocks de carbono en los bosques que no son cosechados, y cuando se cosechan pueden seguir almacenando carbono en la variedad de productos de madera de los cuales forman parte.
Desafortunadamente, pese a todos los bienes y servicios ambientales que las plantaciones forestales proveen, se debe señalar que su biomasa forestal no ha hecho sino disminuir, particularmente desde los gigantescos incendios forestales de 2017. Existen cientos de miles de hectáreas de bosques plantados, principalmente en la región de O’Higgins y El Maule, que no se han vuelto a reforestar debido a que ya no existen los beneficios del sistema de bonificación forestal. Muchos de ellos eran pequeños y medianos propietarios. Una pena, pues según estimaciones de INFOR podríamos aumentar la masa forestal de plantaciones en terrenos erosionados, en unas 2.5 millones de hectáreas con todos los beneficios ambientales, sociales y económicos que conllevaría para este tipo de propietarios. Al contrario, desde que cierto discurso ecologista radical ha establecido como verdad absoluta que solamente los bosques nativos -importantes, pero de muy lento crecimiento- pueden jugar un rol en mitigar el cambio climático, ha sido muy difícil cambiar la mentalidad del político medio que, en su ignorancia, se hace eco de estas ideologías de escasa base científica. 
Es hora de que en la lucha contra el cambio climático actuemos con pragmatismo, dejemos de satanizar a las plantaciones forestales, y las utilicemos para mitigar los efectos de la crisis ambiental. 

 

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