Opinión

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Las plantaciones forestales son esenciales para combatir el cambio climático

Las plantaciones forestales son esenciales para combatir el cambio climático

Marcos Tricallotis Campaña, PhD, Vicepresidente de la Comisión de Medio Ambiente, Patrimonio Natural y Cambio Climático del Consejero Regional de la región de Valparaíso.

Según la evidencia de varios estudios científicos, los bosques nativos son esenciales para el sustento de muchas comunidades locales a nivel global: pueden aliviar la pobreza y proveer importantes ingresos para las personas de condición más humilde. Más aún, si son manejados sustentablemente, los pequeños negocios forestales pueden tener impactos ambientales y sociales positivos en el largo plazo para la sociedad en general. Por ejemplo, algunas empresas en Magallanes han sido capaces de manejar sustentablemente superficies extensas de bosques de lenga (Nothofagus pumilio), con un bajo impacto ambiental e impactos sociales positivos mediante la generación de empleo y beneficios a comunidades locales. 
La fibra de celulosa de madera que necesitamos está presente en cada aspecto de nuestras vidas. Desde los muebles, libros, y cajas que componen nuestros hogares y lugares de trabajo, hasta innumerables tipos de empaques y envoltorios, pasando diferentes elementos de fibra de celulosa utilizados en viviendas e industria. Las aplicaciones son infinitas y solo irán en aumento al demandarse más materiales nobles y sustentables que tengan capacidad de capturar dióxido de carbono (CO2), especialmente en construcción industrializada de viviendas – hoy en día una necesidad urgente del gobierno para paliar el déficit habitacional. De hecho, la madera tiene todas las de ganar como material de construcción sustentable, en contraposición al concreto que tiene una inmensa huella de carbono. Sin embargo, el trabajar exclusivamente cosechando madera de bosques nativos tiene una seria limitante: el lento crecimiento para llegar a cosecha comercial que puede tardar 40 a 50 años en ciertas especies como el roble, hasta los 110 a 120 años en especies de rotación más larga como lo es la lenga. Estos ciclos largos garantizan la capacidad de regeneración natural del bosque luego de la cosecha, pero comercialmente no pueden proporcionar madera a la velocidad que demanda el mundo.
Es aquí donde entran a jugar un tremendo rol las plantaciones forestales de monocultivos de especies exóticas de pinos y eucaliptus. En primer lugar, los monocultivos tienen ciclos comerciales mucho más cortos, de 25 años en el caso de los pinos, y de 12 a 15 años en el caso de los eucaliptus. Estas plantaciones permiten “quitar presión” a la tala de bosques nativos evitando su extinción, debido a su lenta capacidad de regeneración. Segundo, también existe evidencia científica que las plantaciones forestales bien manejadas pueden proveer un hábitat valioso para especies amenazadas o en peligro de extinción, y además pueden contribuir a mejorar la biodiversidad de un área. 
En tercer lugar, social y económicamente, las plantaciones forestales apropiadamente manejadas pueden tener un positivo impacto en las comunidades locales y en los trabajadores. Muchas de ellas son una opción económica atractiva para pequeños propietarios, tanto indígenas como no indígenas, algo que ya ha demostrado la experiencia del estado en programas de fomento a la reforestación. 
Por último, se sabe que las plantaciones forestales a través del sistema de bonificación forestal del Decreto Ley N.º 701 de 1974 y su posterior modificación a través de la Ley N.º 19.561 de 1998 permitieron, según estudios de la ODEPA, que se hayan secuestrado más de 44.5 millones de toneladas de CO2 que hoy es parte integral de la biomasa forestal. Si bien la cantidad de carbono que secuestran las plantaciones comparadas con un bosque nativo es menor, igualmente cumplen un rol importantísimo como sumideros de carbono. Consecuentemente, resulta lamentable que hoy existiendo – según estimaciones de INFOR – casi 3 millones de hectáreas de suelos con aptitud forestal (es decir, degradados) no haya existido una renovación de este decreto que, pese a todos los errores cometidos en el pasado, ha tenido un gigantesco impacto positivo en la economía nacional y porque no decirlo también, en el medio ambiente al rescatar miles de hectáreas de la erosión. Más aún, ante los compromisos asumidos por Chile en la COP27 en Egipto no se sabe cómo nuestro país va a cumplir el manejo de 200.000 hectáreas de bosque nativo y la forestación de 200.000 hectáreas de suelos desprovistos de vegetación al 2030. De momento, mucho ruido y pocas nueces. De avances, ni hablar.
Desafortunadamente, la administración actual del presidente Boric insiste en la majadería de no solo no potenciar la industria forestal de plantaciones a través de bonificaciones hacia pequeños y medianos propietarios, sino que excluye explícitamente a los monocultivos de la ley N.º 21.455 de cambio climático, recientemente promulgada este año. Solo percibo motivos profundamente ideológicos y revanchistas contra una industria exitosa que ha transformado el sur de Chile en un polo de progreso y bienestar para sus habitantes. No es de extrañar que están en la mira de cierto sector ideológico dos de las industrias más exitosas que nunca habían existido en Chile: la industria forestal y las salmoneras. Todo porque tuvieron el “pecado” de crearse en pleno gobierno militar. El objetivo es erradicarlas, no mejorarlas. Juzgue usted.

Komatsu

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