"Me dicen que me van a terminar matando, pero en algún momento se tiene que acabar esto”

"Me dicen que me van a terminar matando, pero en algún momento se tiene que acabar esto”

"Me dicen que me van a terminar matando, pero en algún momento se tiene que acabar esto”

Mauro Aguilar, Conductor Forestal herido en el rostro

Mauro Aguilar cuando era un niño, miraba pasar los camiones con madera por la ventana de la casa de su abuela en Capitán Pastene. Eran su obsesión, los dibujaba y soñaba con manejarlos. Por eso, a los ocho años ya sabía conducir tractores en el campo y a los 11 se subió a los camiones con su padre que era conductor forestal. “Mi papá trabajaba en camiones y de ahí nació mi pasión. Siempre me gustó el área forestal y en Capitán Pastene casi todo el pueblo trabaja en eso.” 
Terminó su cuarto medio en el Liceo Industrial de Angol como técnico en mecánica automotriz y, como le fue bien en la PSU, su familia lo motivó a estudiar Tecnología Médica. En eso estaba, cuando su padre fue víctima de un ataque en el que le quemaron el camión que manejaba para la Forestal Mininco en 2019. “Fue traumático, le dieron licencia por tratamiento sicológico por que le pegaron harto. Fue problemático para él volver a los camiones. Cuando pudo subirse a uno, duró dos semanas y no pudo seguir. Entonces yo no podía darme el lujo de gastar plata que no teníamos. Yo no trabajaba, solo estudiaba, entonces tuve que congelar los estudios y salir a trabajar”.
Era la oportunidad de hacer lo que siempre soñó, manejar camiones, pero antes era necesario cumplir con la licencia de conducir requerida. “Es un delito grave manejar un vehículo pesado sin la licencia que lo acredite a uno. Con la A5 yo podía conducir camiones articulados. Son licencias profesionales, hay que hacer un curso y una prueba sicológica, tener como mínimo 21 años cumplidos, además de acreditar una certificación física y teórica”, explica Mauro. Gracias a un curso con simulador que realizó, logró acreditar su licencia A5 a los 21 años.
“Nadie me quería dar pega porque estaba recién empezando con la licencia, no tenía experiencia, así que empecé trabajando en un servicentro Petrobras en Capitán Pastene. Un día conversando y echando la talla con un cliente, salió la oportunidad de manejar unos camioncitos forestales, él conocía a mi papá de años y me dio la oportunidad”.
“El primer día que fui a trabajar en los camiones andaba igual que un niño en la juguetería. Es increíble la sensación cuando uno hace algo que le gusta. Anda contento todo el día”. 
“Me pasaron varias tallas porque me perdía o no conocía bien los caminos, pero igual salí adelante con la ayuda de mis colegas, eran super buena onda conmigo porque sabían que estaba empezando, así que me ayudaban harto. Íbamos a los campos, mi jefe compraba metros ruma y los transportábamos. Fue súper entretenido, la mejor escuela que puede tener un conductor forestal es trabajar particular, no hay nada que se le compare”.
Al terminar el verano, le ofrecieron trabajar en doble turno, (para el mismo camión, son dos choferes. Uno trabaja de día y el otro de noche) “Mi jefe tenía camiones trabajando para Mininco en Transportes Cartes de Angol y necesitaban dos conductores, nos ofreció a mí y a un colega trabajar al doble turno. Estábamos contentos porque significaba subir de rango, porque de particular a entrar a trabajar a Mininco eso es subir de rango y las lucas eran buenas. Particular se paga bien, pero en Mininco se paga mejor”.
Después de un tiempo, Mauro tuvo otra inquietud, ser parte de Transportes Capitán Pastene, donde su padre había trabajado como conductor de camiones forestales. “Yo solicité si podía entrar y me dijeron que sí. Lo hice porque mi papá trabajaba ahí y porque ellos hacen un turno, solo de día. En esa empresa me pasaron uno de los camiones más nuevos que tenían y en él alcancé a trabajar desde octubre de 2021, hasta enero de 2022, cuando me pasó el accidente”.
El accidente
Ese accidente fue en una semana donde ocurrieron tres atentados y dos asesinatos. El día anterior, el 18 de enero, había sido asesinado César Millahual Cayupe, de 22 años, quien arriba de su Skidder, recibió un balazo mortal por la espalda de parte de encapuchados que rodearon su máquina en Cañete. Horas más tarde, el asesinado sería el agricultor Joel Ovalle de 68 años en Collipulli, quien dirigió por varios años la Junta de Vigilancia de Alboyanco.  
“Yo sabía que existía el riesgo, pero nunca en la vida me imaginé que me iba a pasar algo, porque yo andaba tarde por ahí y nunca me pasó nada, nunca me imaginé. Me había hecho la idea de que en algún momento me iba a tocar, pero nunca me imaginé que en esa parte me iban a disparar.” 
“Iba contento, iba cantando me acuerdo y en eso, en el camino de Las Rosas que une Los Sauces con Lumaco, iba llegando a una curva super cerrada y bajé la velocidad, ya cuando iba despacio me dispararon tres veces. Si me hubieran hecho parar, yo lo hago. El problema es que me dispararon no más, después salieron a atajarme y seguían gritando y disparando y me asusté. No me di cuenta de que me habían herido. Salí lo más rápido posible y a unos 200 metros más adelante, sentí que me goteaba algo en la pera. Era sangre, luego me toco la cara y estaba muy hinchada, me metí la mano a la boca y no sentía los dientes. Me atoré con la sangré y escupí en mi mano los dientes y pedazos de mandíbula. Me dispararon con perdigones de escopeta, de esos que usted los dispara y se expanden. Menos mal que el disparo fue relativamente cerca, si no, pierdo mi ojo o muero simplemente”, recuerda. 
Mauro Aguilar, de 23 años, chofer de camión de Capitán Pastene, herido en el rostro por desconocidos, manejó su camión hasta el Cesfam de Lumaco, para luego ser trasladado al Hospital de Traiguén y posteriormente al de Temuco.
El disparo le generó múltiples fracturas en su mandíbula que fue reemplazada por una en titanio, perdió todas las piezas dentales del lado izquierdo y su lengua tuvo que ser completamente reconstruida. Además, sufrió la fractura de su nariz y estuvo en peligro la pérdida de la visión en un ojo. Mauro aún se encuentra trabajando en el trauma sicológico que este ataque le dejó, así como en diversas terapias de rehabilitación a cargo de la Asociación Chilena de Seguridad. 
“Los camiones para mí son una pasión, pero ahora ver uno o subirme a uno es fuerte y es fuerte ver algo que a uno le causaba tanto gusto, tanta pasión y después que traiga esos recuerdos. Me duele la cara cuando me subo a un camión, aunque esté parado. Me subo y ya veo que hay un encapuchado adelante mío apuntándome”.
Sobre los responsables, Mauro tiene sus sospechas. “Me vinieron a tomar declaración la PDI, pero el atentado no se lo adjudicó nadie, porque al haber un conductor herido, es mala propaganda para ellos. Pero entre conversa y conversa, tengo una idea de quienes son. No son cabros malos, pero a ellos les infunden una ideología y no razonan”. 
“He pensado harto en que hubiese pasado si me hubieran pegado un poquito más arriba o más atrás, hubiera estado muerto. Ya lo he asimilado ya, nada que hacerle. Hay que salir adelante porque si uno se pone a vivir del pasado, se hunde en eso y se hace más daño.”
“A mí me encanta trabajar en lo forestal, si me dijeran que se va a acabar, no hallaría que hacer. A quienes no les gusta lo forestal, yo les diría que se informen bien, porque el sector forestal es uno de los que reporta más al país y también los productos que uno tiene de uso cotidiano los hace la industria forestal como el confort, el papel y la toalla nova, por ejemplo. Y si se acaba, tendríamos que importarlo de otros países, el Producto Interno Bruto se vería afectado, ¿cuánta gente se quedará sin pega? Aquí trabajan cientos de miles y pueblos completos que trabajan en esto, como Capitán Pastene. Están todos afectados por el tema de los atentados que no tienen ninguna justificación. Si uno quiere recuperar un territorio ancestral, no es necesario que les vayan disparando a los camiones o quemándolos. Ellos tienen todos los beneficios del mundo, más que cualquier chileno, es una estupidez que anden quemando camiones y máquinas”.
Defender o arrancar
Mauro explica que por los atentados las personas están migrando al norte o al sur para trabajar porque nadie quiere trabajar en La Araucanía. “Es una sentencia de muerte decirle a un cabro de mi edad que va a trabajar en alguna faena en Carahue. Ese cabro prefiere que lo finiquiten antes de ir a la zona de Pastene, de Carahue o Imperial, eso es terrible. Las condiciones del trabajo en sí son mejores, uno gana un poco más, la seguridad laboral es importante, pero eso no compensa la inseguridad por los atentados”. 
“Yo soy de esta zona, para que me saquen de aquí tienen que hacerlo en un ataúd. Yo nací y me crie aquí, ¿porque tengo que ir a trabajar a otro lado, si en mi zona hay pega? si tengo que pelear por mi pega, lo tengo que hacer, es lo que deberíamos hacer todos en vez de estar arrancando”.
Quiere volver, “aunque todos me dicen que estoy loco, que me van a terminar matando, yo creo que en algún momento se tiene que acabar esto”.

 

 

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