Los esfuerzos por salvar el bosque esclerófilo en la zona central

Los esfuerzos por salvar el bosque esclerófilo en la zona central

Los esfuerzos por salvar el bosque esclerófilo en la zona central

Pablo Cruz Johnson, Ingeniero Forestal y asesor en sustentabilidad da cuenta de las opciones para recuperar bosques esclerófilos en la zona central de Chile, la más afectada por la sequía. A través de un Acuerdo de Producción Limpia fue posible recuperar 200 hectáreas de bosque en un modelo replicable a 3.600 há, pero con importantes desafíos en su rentabilidad. 

Quillayes, peumos, boldos, espinos, molles y varias otras especies arbóreas componen el bosque esclerófilo de la zona central de Chile. Estas especies de hoja dura que se han adaptado a la sequía del verano y tienen la capacidad de crecer en invierno cuando apenas hay lluvias, están en preocupantes condiciones de degradación. “Probablemente ya no exista algún fragmento bien conservado de este bosque. Es una pérdida crítica para la zona central del país porque su permanencia ayuda a mejorar el aprovechamiento de las lluvias, en el control del clima local y otros problemas ambientales que afectan a los habitantes de esta parte de Chile”, explica Pablo Cruz Johnson, Ingeniero Forestal autor del libro “Principios de Ordenación Forestal para Chile” y creador de Foredor, empresa especialista en planificación del uso de bosques con criterios de sustentabilidad. 
Como una forma de abordar este problema, en el año 2018 se inició la ejecución de un Acuerdo de Producción Limpia llamado “Manejo Sustentable del Bosque Nativo Mediterráneo”, financiado por la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático (ASCC) de CORFO, de la región de Valparaíso. El objetivo fue ejecutar planes de ordenación forestal en predios con este bosque, cuyos propietarios se propusieron recuperarlos en un mediano plazo, superar su degradación e idealmente comenzar a producir bienes maderables. 
La ejecución de este Acuerdo finalizó en 2021 con 200 hectáreas recuperadas repartidas en terrenos de nueve socios, cuatro de ellos pequeños propietarios, y planes de ordenación aprobados por CONAF para 10 años, restando siete aún por ejecutar.

¿En qué consistieron las acciones de recuperación?

En cada plan de ordenación forestal se planteó una recuperación muy simple: hacer un resalveo -que implica el manejo de las cepas que aún están creciendo en el bosque y la reducción de la densidad de vástagos-, así mejora el vigor de cada planta. También se hace una recuperación con nuevas plantas en las zonas más abiertas para unir fragmentos del bosque. Los restos del resalveo pueden ser vendidos como leña y en algunos campos se están transformando en carbón. 
Los análisis silvícolas realizados en torno a estas acciones de recuperación proponen que los bosques resalveados aumentarán sus copas, mejorando la resiliencia y requiriéndose una segunda corta en 15 años más. Podría considerarse que la recuperación fue exitosa si los bosques comienzan a establecer regeneración natural. Los enriquecimientos con plantaciones podrían constituirse como bosques a los 13 años cuando alcancen una cobertura arbórea de 50%. Estas proyecciones se basan en ensayos que hemos realizados en la región de Valparaíso desde el año 2008.

¿Cuáles fueron los impactos medibles?

En el periodo de tres años que duró el proyecto, fue posible hacer 181 hectáreas de resalveo y sólo cinco hectáreas de enriquecimiento. Al considerar al grupo de propietarios como un todo, se realizó un análisis de impactos ambientales, sociales y económicos usando toda la información disponible: datos de los planes, compromisos de la ordenación forestal, facturación de los trabajos realizados y pagados, entre otros. Lo interesante es que la métrica de dichos impactos representa una escala operativa que puede ser de valor para nuevos gestores de recuperación de bosques esclerófilos.
Como el plan de ordenación forestal es integral, permite identificar la superficie de bosques que está asignada a diferentes funciones, además de la productiva. Por ejemplo, el 13 % de la superficie está destinada a funciones ecosistémicas. En los planes de manejo tradicionales, estas áreas solo se mencionan como “áreas a proteger” sin registrarse. En el plan de ordenación forestal en cambio, se cuantifica y se considera como “afecta”, es decir, se conoce, está cartografiada y afecta legalmente.  Lo que permitiría tener un recuento de las funciones que los bosques chilenos están cumpliendo.
Otro impacto observado es que los bosques con resalveo han mostrado mejor vigor, incluso en los peores momentos de las sequías en la zona. (foto 1)
La ordenación forestal obliga a que la planificación se restrinja por parámetros de sustentabilidad no a escala de rodal, sino sobre el bosque completo. Para los bosques degradados de este proyecto, el parámetro fue que el volumen cortado por resalveo fuera siempre menor al crecimiento del bosque, de manera que siempre exista una capitalización de volumen que apoye su recuperación. En efecto, se estimó que el crecimiento anual era de 5,2 ton/ha/año y las extracciones sólo fueron de 1,9 ton/ha/año, es decir se extrajo sólo un 30 % del crecimiento.
Un segundo beneficio es que el resalveo elimina la biomasa o necromasa (ramas secas) sujetas a las cepas, un peligroso combustible fino que es el que más facilita el avance de los incendios en estos bosques. Además, se reduce el riesgo de intencionalidad debido a la presencia permanente de actividad en los campos. Para algunos propietarios, ésta ha sido la principal razón para participar en el proyecto. Si se considera que el Estado gasta $1,4 millones por hectárea en la región en combate de incendios, el mantener los bosques ordenados, de alguna forma redunda en menores costos públicos por ese concepto.

En cuanto a los impactos sociales, de rentabilidad y sostenibilidad, ¿cuál es la evaluación?

Los bosques de la zona central de Chile no registran actividad formal y se consideran un recurso pasivo. Informalmente soporta extracciones ilegales de madera para leña y carbón, pero su mercado es “a la negra”, es decir, sin facturación y sin permisos ambientales en regla. Este proyecto funcionando sobre 3.600 hectáreas, con un plan aprobado por el Estado y un Sello de Producción Limpia otorgado por CORFO, significó la creación de 60 puestos de trabajo rural por temporada, con un pago de sueldos por $149 millones anuales, para trabajadores no cualificados.
En cuanto a la evaluación económica privada del proyecto, ésta arrojó resultados negativos (ver Cuadro 1). Los ingresos proyectados corresponden a las ventas de la biomasa extraída en los resalveos. Los ingresos por incentivos de la Ley de Recuperación del Bosques (N°20.283), sólo cubrieron el 39 % de la operación total.
Es importante considerar que el plan de ordenación forestal es un instrumento reconocido en Chile como un mecanismo de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEIs) en las políticas públicas de Cambio Climático. Se estimó en este Acuerdo en su implementación sobre las 3.600 hectáreas reduciría la emisión en 5 mil toneladas anuales de CO2e por concepto de evitar la deforestación y la degradación de bosques. Estas reducciones actualmente se están gestionando en el mercado de créditos de carbono y se espera que su venta pueda apalancar financieramente el proyecto. Suponiendo que el precio se fijara en US$12/tonelada y las mitigaciones estimadas fueran correctas (5.000 ton/ha/año de CO2e), podrían sumarse unos $60 millones anuales, lo que dejaría un déficit anual de $14,6 millones.

Después de ejecutado este proyecto, ¿es sustentable la recuperación del bosque mediterránea de la zona central de Chile?

Si este proyecto representa adecuadamente el escenario de recuperación de bosques del tipo forestal esclerófilo, es posible afirmar que la recuperación no es sustentable económicamente, ya que adecuadamente aplicado el concepto de sustentabilidad, la rentabilidad debe ser igual de importante que los beneficios ambientales y sociales. Ello, considerando incluso un apoyo del Estado en torno al 40 % del costo total.

¿De cuánto tendría que ser el subsidio estatal para que el manejo y recuperación de estos bosques sean rentable económicamente? Esa es precisamente la discusión que se hace más abajo, porque no solo es dinero, sino apoyo a la gestión y la mejor venta.

Analizando en detalle los incentivos de la Ley 20.283, es un avance que incluya tres aspectos: elaboración del plan; ejecución y supervisión. No obstante, tanto los aportes por ejecutar ni por supervisión, obligan al propietario a cumplir sustentabilidad como la descrita, sino que se pueden cobrar por acciones muy parciales, como un raleo, o una plantación de unas pocas hectáreas. Los incentivos para la elaboración si son exclusivos para ordenación forestal, pero sus montos son exiguos y se han tarifado pensando en el documento que exige el Estado, pero no hay aportes para internalizar el concepto en los dueños, que son los que deciden, ejecutan o abandonan el bosque.
Respecto del monto del financiamiento estatal -sólo el 39 % de los costos totales-, existe margen para innovar y mejorar el flujo de caja. Por ejemplo, sería interesante monetizar el esfuerzo de trabajar bajo ordenación forestal, además de aprovechar el Sello de Producción Limpia que ha otorgado CORFO a las materias primas que ofrecen los campos. La vía directa sería apoyar la comercialización.

Entonces, ¿encontraríamos dueños de bosques interesados en aplicar este manejo forestal?

Al menos los actuales miembros del proyecto ofrecen las siguientes afirmaciones comunes. “Estamos mejor preparados para enfrentar los incendios forestales”, “tendremos mejor abastecimiento de agua” y “los predios valen más con el bosque recuperado”.
En este sentido, es urgente en Chile trabajar en el precio de los servicios ecosistémicos. El flujo completo, costos e ingresos, deja un déficit de $4 mil anuales por hectárea. Este monto podría considerarse como una valoración económica directa de servicios socioambientales, bajo el supuesto que existan dueños de bosques que, con este aporte, más el apoyo de un plan de ordenación forestal como el señalado, estarían dispuestos a implementarlo.


La ejecución del proyecto contó con aportes de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático (ASCC), la supervisión de la Oficina Regional de CONAF de la Región de Valparaíso y aportes monetarios para la ejecución del GEF “Corredores de Montaña” del Ministerio del Medio Ambiente,
Informe completo: https://foredor.cl/servicio/gestion-de-bosques-mediterraneos/ 

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