La naciente industria del Quillay de la mano de Investigación y Desarrollo

La naciente industria del Quillay de la mano de Investigación y Desarrollo

La naciente industria del Quillay de la mano de Investigación y Desarrollo

Natural Response S.A. nació como un startup de la Universidad Católica de Chile, para la industrialización y venta de diversos extraíbles de la corteza de Quillay. Hoy, como Desert King Chile, exportan productos de variados usos industriales de alto valor agregado gracias al desarrollo de I+D.

Desert King es una empresa de Investigación y Desarrollo (I+D) que nace en Chile hace 27 años como Natural Response, un startup de la Universidad Católica con el conocimiento y convencimiento de que el Quillay tenía características adyuvantes para el uso en vacunas y la intención de entrar al mercado farmacéutico, lo que logró hace cuatro años. En el intertanto y paralelamente, la empresa desarrolló otros productos en base a las características espumantes del Quillay para clientes que fabrican bebidas gaseosas y cervezas; así como el logro de una solución industrial -el supresor de neblina ácida- para la minería capaz de contener la emisión de ácido sulfúrico. 

Mientras la investigación y el desarrollo de productos avanzaba en esta empresa emergente, uno de sus clientes en California, Desert King Internacional, se interesaba en la propiedad, la que fue adquiriendo poco a poco, hasta que todos los socios originales vendieron y hace cuatro años la empresa es 100% de capitales estadounidenses tomando el nombre de Desert King Chile. 

Andrés González es el Gerente General de esta compañía en nuestro país, quien nos explica los alcances de tantos años de investigación hecha en torno al Quillay. “Son productos que fueron inventados por nosotros y encontramos como producirlos e introducirlos en el mercado muy lentamente en seis tipos de industrias: la farmacéutica es nuestra principal venta hoy. También está la agricultura, la minería y la cosmética donde usamos la característica emulsionante del Quillay para productos de alta gama. La industria de la alimentación animal, donde ha habido muchísima investigación y donde hemos descubierto que hay un potenciador de la respuesta inmune de pollos, chanchos y ahora salmones. Otro de nuestros productos importantes es para el olor de las fecas de animales, porque el Quillay tiene la capacidad de disminuir el efecto del amonio. Todos son productos que hemos ido desarrollando en el tiempo en nuestros laboratorios”.

¿Qué ha significado este cambio en la propiedad?

Tenemos una cantidad de desarrollos enormes corriendo en paralelo y la lista de pedidos para nuestra área de I+D está un poquito saturada. Tenemos un nuevo laboratorio en Curauma que va a estar listo para operar en las próximas semanas, tenemos nuestro laboratorio en Quilpué en nuestra planta original y también un laboratorio de testeo de calidad en Casablanca donde vamos a construir un laboratorio forestal también. Estamos invirtiendo mucho en infraestructura para investigación y desarrollo.

Hoy estamos centrando nuestro trabajo en buscar métodos de obtención de saponinas que utilicen cada vez más el árbol, así como métodos de propagación del Quillay ya como una alternativa de plantación. Estamos buscando conocimiento para domesticar la especie -como su rendimiento y condiciones de crecimiento- más que buscar nuevas aplicaciones por ahora. Aun cuando tenemos una serie de clientes, sobre todo en el área de la alimentación animal y humana que nos están solicitando importantes desarrollos y los estamos haciendo.

Javier González es el Gerente Forestal en Desert King Chile quien explica cómo ha sido el trabajo forestal con el árbol de Quillay para la demanda futura de productos extraíbles como la saponina. “Desde que nació la empresa, tenemos el objetivo de desarrollar plantaciones. En el primer FONDEF en que participó la empresa activamente a través de la Universidad Católica, se establecieron módulos de manejo del bosque nativo en la región de O’Higgins, porque había que conocer cómo manejarlo, no existía una silvicultura asociada al Quillay, menos al bosque esclerófilo, entonces había que buscar cuál era la metodología más adecuada para hacer un mejor aprovechamiento del recurso, proponiendo raleos, podas y cortas de mejoramiento porque en el bosque esclerófilo te encuentras con diversas condiciones en una misma hectárea, es muy irregular por su condición mediterránea.

Desde el ‘98 se hicieron ensayos todos los años y seguimiento junto a módulos de plantación en las condiciones y escala operacional que había en esos años. A medida que la empresa fue creciendo y después de 12 años, se lograron definir ciertos crecimientos y desarrollos de una plantación de Quillay para poder proponer plantaciones al mercado forestal y a propietarios agroforestales”.

¿Cómo están desarrollando las plantaciones de Quillay?

El 2007 salimos al mercado junto a Conaf y algunos propietarios interesados de la zona centro norte, en las regiones Metropolitana, de Valparaíso y O’Higgins que es donde hay más concentración de Quillay. Esto dio ciertos resultados, pero nos empezó a pegar fuerte la sequía a partir del 2009, por lo que decidimos modificar el modelo de plantaciones y nos trasladamos a zonas de más pluviosidad, a la región del Maule y Biobío.

Ya en 2018 logramos establecer un plan de plantación trienal que completamos el año pasado con 250 hectáreas de terrenos propios bajo modalidad de usufructo con arriendo a largo plazo, buscando propietarios interesados en embarcarse en este proyecto de plantaciones de Quillay, que las denominamos plantaciones nativas porque no es una plantación forestal, no es un mono cultivo, si bien es altamente dominante el Quillay, rápidamente empieza a interactuar con la flora existente en el lugar. A los tres o cuatro años empezaron a aparecer maitenes, espinos y boldo, dependiendo de la zona, lo que empieza a generar una dinámica muy rica en el desarrollo.

Actualmente estamos tomando estadísticas para poder proyectar horizontes de crecimiento, rotaciones y modelos a proponer dependiendo de los sitios. Pasamos de la escala de ensayo a una escala operacional mayor, si bien a nivel forestal no es nada, para nosotros es bastante desafiante porque la empresa no tiene propiedad de terrenos hoy y estamos en búsqueda de aumentar ese patrimonio, por lo que nos vinculamos directamente con los propietarios que están interesados en manejar su bosque o en hacer plantaciones de Quillay. Hay un trabajo de fidelización a largo plazo donde les aportamos conocimiento y les transferimos la tecnología que ya hemos desarrollado para poder establecer plantaciones dirigidas a lo que buscamos que es la producción de saponinas y biomasa.

Otro punto es la domesticación de la especie Quillay. Hoy trabajamos con una recolección silvestre en el bosque nativo, lo que tiene una alta variabilidad en crecimiento, rendimientos y en concentración y presencia de saponina, lo que nos afecta en nuestro proceso industrial que debe ser constante y homogéneo. Por esto, estamos en una campaña hace 10 años de buscar una domesticación de la especie con el objetivo de la industrialización de la saponina del Quillay, buscando eco tipos de ejemplares que tengan mejor rendimiento, que combinen mayor crecimiento con mayor saponina o resistencia a la sequía o a heladas.

Nos hemos acercado a investigadores con experiencia en estos temas para desarrollar esta línea y generar paquetes tecnológicos dirigidos a propietarios o a plantaciones propias en el futuro para tener un abastecimiento seguro y dejar de depender del bosque nativo, bajarle la presión a este recurso y seguir la línea de potenciar actores que trabajen con nosotros, como contratistas que puedan subir el estándar de la recolección silvestre y del manejo de esas plantaciones futuras, en la medida que vayamos “evangelizando” el mercado con las plantaciones de Quillay, se va a generar una nueva opción de trabajo en la silvicultura y en el manejo de esas plantaciones y para eso se requieren contratistas con buen estándar de cumplimiento porque, además, estamos certificados en FSC en cadena de custodia en nuestro abastecimiento, entonces hemos implementado ese estándar para verificar y cumplir.

¿Cómo ha respondido esta especie a la condición de sequía en Chile?

Existen plantaciones en zonas complejas por la sequía, donde las plantas se establecen, pero hay que generara ciertas condiciones de apoyo para este fin. Si bien es una especie que resiste bien la menor pluviosidad por temporada, requiere ciertas condiciones de apoyo como preparación de suelo, control de maleza y algo de riego con el uso eventual de nuevos geles que están en el mercado que han mejorado bastante y también son opciones. Pero se puede cubrir no solo un objetivo productivo, sino que uno de restauración de paisaje o servicios medioambientales o ecosistémicos, combinados con otras especies.

Nuestra industria saponina no obliga al productor o propietario a hacer un marco tradicional de plantación, pueden ser bosquetes, pueden ser combinados con usos silvoagropecuarios, cercos perimetrales alrededor de potreros, es bien flexible y una de las externalidades positivas de la plantación de Quillay es la apicultura, su flor es muy buscada por los apicultores porque se puede producir miel mono floral de Quillay.

¿Cuáles son las claves del trabajo de cosecha?

La clave es un trabajo conjunto con quien desarrolla el trabajo en terreno, es muy diferente trabajar en el bosque nativo que trabajar en una plantación, en el bosque nativo hay una interacción con otras especies, hay una ley de bosque nativo que hay que cumplir y hay que hacer un manejo integral, preocupándose de las especies acompañantes en su justa medida y lo que nosotros hicimos, por muchos años, fue reconvertir al tradicional contratistas que tiene sus capacidades limitadas, pero que conoce cómo manejar el árbol, pero todo lo que tiene que ver con derechos sociales, de salud y seguridad para poder escalar, no es fácil para ellos y es fundamental porque este crecimiento tiene que ser circular, en la medida en que nosotros crecemos como empresa, ellos también y también lo hace el aporte a la recuperación del  recurso y su mantención, integrarlos al manejo de las plantaciones, al cultivo, es en la cadena completa donde ellos puedan participar.

Sin duda que, en términos numéricos de rendimiento una plantación de Quillay no puede competir hoy día con plantaciones de pino o eucaliptus que a los siete u ocho años están entregando cientos de metros rumas por hectárea. Por eso, la propuesta económica va asociada a esta domesticación que estamos haciendo para, en el futuro, proponer ejemplares que sean capaces de rendir saponina más que grandes volúmenes de biomasa y que se complementen con los usos positivos adicionales que tiene el Quillay como plantación, como los beneficios ecosistémicos como apicultura, fauna, paisaje, hasta incluso turismo.

Andrés, ¿cómo ves lo que se viene con el cambio climático donde el árbol está más valorizado? ¿crees necesaria una nueva política forestal que considere este tipo de innovación que realizan?

No nos sentimos interpretados, creo que la autoridad todavía no le toma el peso a la sequía en la zona central y tenemos varios ejemplos de eso. Hoy es un bosque esclerófilo que está sufriendo bajo un stress brutal, que requiere ser cuidado, no lo puedes abandonar, tiene que ser podado, tiene que ser manejado de otra manera, tienes que destinar recursos para ese bosque. Recursos administrativos, no necesariamente dinero.

Nosotros necesitamos expandir el conocimiento en la opinión pública, sobre todo en nuestras autoridades, necesitamos trabajar en conjunto, hablar un lenguaje lo más común posible, pero, sobre todo se necesita determinación de cambiar ciertas normativas y definiciones que están pegadas en la ley hace siglos y que en su momento fueron súper válidas, pero que hoy es urgente cambiarlas. Como por ejemplo diferenciar los distintos tipos de bosque para distintas zonas y clima, lo que tiene que estar contemplado en la ley, en los procedimientos y en la metodología. Lo otro que tiene que cambiar es la naturaleza del control, el rol supervisor del Estado tiene que ser mucho más activo, presente y técnicamente más moderno.

Cuando se piensa en el bosque, piensan en el árbol y no en el ecosistema que es el bosque y sus interrelaciones y eso es simplemente más conocimiento, más universidad, más ciencias y leyes que se basen en estos principios. El desafío, dada la crisis que enfrentamos, no se puede solucionar con una sola medida ni con un solo agente, tenemos que ponernos de acuerdo, contratistas forestales, grandes empresas forestales, empresas de I+D, la academia, propietarios y gobierno. Estamos enfrentando un tema gravísimo.

Javier González agrega “hay una falta enorme de diligencia en la autoridad como para responder a tiempo a la necesidad del bosque, se está secando, está colapsando y se mantienen las mismas ideas o criterios de 20 años atrás. Estoy convencido de que el Quillay es la especie del futuro en el mercado forestal, es la especie que va a abrir las puertas para otras especies nativas y para otros usos y será sorprendente el cómo estará inmersa en el mercado y será un cambio de paradigma en el sector forestal.

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